LA ENVIDIA EN NUESTROS TIEMPOS


La “Justa” me reclama para colocar en un lado de la balanza mi trabajo y en el otro la envidia generada por dicha acción, ya alabada por Hesíodo…

“La profunda justicia de la Justa” me quiere llevar a los tribunales profanos, esposado y en burro, con media sonrisa congelada en el rostro y una capucha cubriendo mi cabeza, para que comparezca ante los “Españolitos” y aclare de una vez por todas cuánto dinero me ha sido entregado por materializar de mala manera mi despliegue artístico…Y yo, que soy un ser eminentemente nervioso, agarro la botella de Dyc y la vacío de dos tragos, para, acto seguido, ingerir los obligados antidepresivos y una buena dosis de lorazepam, acompañados de un pequeño capricho, es decir; de los puros más baratos del estanco…
Pero la “Justa” y sus habitantes no tienen suficiente con mantenerme esclavizado mediante un trabajo deshumanizador (cuatro euros la hora), muy por debajo de mis capacidades potenciales, que todo el mundo conoce. No, no le vale de nada a la Madre Patria mi modesta carrera universitaria, ni mucho menos mis intensas y largas horas de lectura y escritura que ocupan en los actuales marcadores de tiempo más de dieciséis horas al día…
¡Quieren mi sangre!
Y los cuchillos de la España profunda, las hoces vengativas de las mujeres, los garrotes del resentimiento masculino y las guadañas afiladas con envidia certera se acercan con impaciencia sobre mi expuesta nuca, siempre adornada con collares (de perro) de bisutería que me regala alguna exnovia que me ha dejado bajo la siguiente proclama: -“¿Qué…? ¿Te crees más que yo porque escribes libros?”…
A lo que yo contesto: -“Todo lo contrario, te admiro mucho más a ti que a mí mismo…Pero de nada sirve esa humildad, ya sea fingida o no, eso le corresponde juzgarlo a los dioses”…Me exigen mis amantes masculinos y femeninos que les regale ropa y bolsos caros; una vez desplumado el pájaro, me dejan en la calle escupiéndome frases tan hirientes como cargadas de envidia, véase por ejemplo: “Te tengo envidia” y no te soporto porque haces lo que te gusta”…
Yo, repito, soy un ser nervioso y atormentado hasta límites inimaginables pero creo en mí mismo. Eso nadie me lo puede arrebatar, a pesar de que a uno le despidan de su humilde y sufrido trabajo de barrendero, y aunque mi currículum vitae pesa en la balanza más que el de mi propio jefe, ya con sus partes más nobles irritadas tras su parada en el habitual pub de carretera en los arrabales de Talavera de la Reina, ebrio de whisky y furioso por no haber ganado en la tragaperras…
Y digo esto, porque si a Brad Pitt se le envidia, no se pueden ni imaginar lo que se tiene enfrente…
Y digo más, cuando rompes las etiquetas con las que funciona la mente más primitiva, es peor aún, porque claro, subyace la humillación interna de saber que te escapas de su comprensión, esto es: Tú los entiendes a ellos pero ellos son incapaces de trascenderse para entender tus propias miserias…
Repito: No hay nada peor que ser descubierto, bueno, sí, hay algo aún más duro, más cruel, más sangrante, recordarles que se puede, por lo menos, aumentar los metros habitables de tu jaula existencial a cambio de dejarte una espalda atravesada por cicatrices y un rostro surcado por espantosas marcas vitales y llagas infectadas e incurables, mezcla de sangre y pus…Pero, queridos míos, nada escapa al Ojo de la “Justa”, porque hasta el espíritu de nuestra “Profunda España” es envidioso por naturaleza.
Y me remito al siguiente chiste:
“Un mago le dice a un hombre:- Pídeme lo que quieras, pero al vecino que tienes enfrente le voy a dar el doble de lo mismo. Y el desgraciado le dice al mago: -Entonces quítame un ojo, por favor”…
Y ante este gesto infantil, me resigno ante el poder de la masa y voy a los juzgados de la “Justa” para que me aplique el suplicio merecido por haber intentado ser libre y hacer algo con los dones que me ha entregado la Vida.
Así que me he cabreado muchísimo tras quedarme en el paro por haber rechazado a la hija del jefe (vertió insidiosas calumnias sobre mí), y haber perdido absolutamente todo (pues la envidia consigue destruir el objeto envidiado, antes de ser devuelta multiplicada por siete, claro está), y he descubierto ya que la envidia utiliza procesos paranoides de pensamiento, siempre piensa lo peor y se imagina triunfos futuros del envidiado más allá de lo razonable, así que he adoptado una férrea e inquebrantable decisión: Primero, voy a aprender a ser un envidioso de cuidado, y cuando lo sea me voy a marchar al extranjero, ya que aún mi presupuesto no me alcanza para instalarme en Beverly Hills.
En resumen, la envidia se radicaliza y acaba así: -“Prefiero que a ti te vaya mal, antes que a mí me vaya bien”…
Pero todavía es más gráfico este chiste típico del folklore Español, adaptado de su versión original Balcánica:
“Un turista visita el infierno, guiado por un demonio, y observa multitud de ollas hirvientes, en cada cual aparece impreso el nombre de cada país. Todas ellas están vigiladas por un demonio que empuña un tridente, y que impide escapar de la gigantesca cacerola a las almas atormentadas que gritan de dolor y sufrimiento en sus aguas hirvientes”.
-“Oye, demonio…”-Comenta el turista al diablo.-“Allí veo una olla que no tiene un guardián vigilando frente a ella… ¿Por qué?…”
-“Ah, claro, es normal…Esa olla es la de España, y si algún alma intenta salir de ella, el resto la agarran y la vuelven a meter para adentro.
O, como también añade mi amigo Manuel Espino: “En realidad, no se envidia el dinero del vecino, simplemente, se presupone que cuanta mayor cantidad de dinero es disponible, más felicidad se obtendrá… ¡Gran falacia!, en realidad el disponer de la posibilidad de adquirir todo tipo y subtipo de superficiales productos y accesorios no-básicos no implica en absoluto un mayor estado de felicidad. Realmente, lo que se envidia es que el vecino sea feliz viviendo de lo que le gusta hacer, de lo que pagaría él mismo por hacer…Afortunadamente, la envidia tiene una ventaja con respecto al resto de pecados capitales:
El envidioso sabe que lo es.

Actuación final, se cierra el telón:

No, mejor voy a ir fusil en mano cantando, a hacerle frente a este exquisito continente tan hipócrita y a personas de mediocre altura de miras, todo basado en la comparación con el otro, y me “liaré” a tiros dialécticos e intelectuales contra esa masa de gente desenfrenada que porta en las manos todo tipo de armas punzantes y objetos contundentes de envidiosa destrucción masiva…

kadan

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